En otras palabras, sabemos que hemos alcanzado la madurez espiritual cuando ya no pensamos en nuestros padres o padres sustitutos como autoridades —en el nivel del contenido—, sino como hermanos que recorren con nosotros el camino que nos conduce a casa. Por eso, ambas formas de esta relación primaria pueden, si así lo elegimos, ejemplificar el mensaje de perdón de Jesús: no ver los intereses del otro separados de los nuestros.